lunes, 18 de octubre de 2010

SCHUBERT: STÄNDCHEN (Serenata)

Ya sabéis de qué suelen tratar las serenatas: al caer la noche ("sera" en italiano; de ahí viene "sereno", porque a esa hora se supone que todo es silencio y tranquilidad) un galán corteja con su canto a su amada proponiéndole que le facilite el acceso a su alcoba. O, como en este caso, que baje al jardín para culminar allí su encuentro amoroso (en versiones más comedidas se limita a pedirle que se asome al balcón a escuchar sus requiebros).

 Esta serenata, una de las melodías más conocidas de Schubert, pertenece a un cuaderno de canciones llamado "El canto del cisne" (Schwanengesang), porque se publicó tras la muerte del compositor. Su arrullante movimiento rítmico en 3/4, la encantadora línea melódica, la sutil oscilación entre los modos mayor y menor, la perfecta conjunción entre texto y música la han convertido en una de las piezas favoritas de cantantes y público, y su gran popularidad ha dado pie a toda clase de arreglos. Aquí la podemos oír en dos versiones respetuosas con la partitura y el sentido original de la obra, aunque la segunda intérprete sea una mujer (lo que en principio choca con el sentido del texto).




Ständchen D. 957a (1828)
Música de Franz Schubert (1797 - 1828)
Texto de Ludwig Rellstab (1799 - 1860)

Leise flehen meine Lieder
Durch die Nacht zu dir;
in den stillen Hain hernieder,
Liebchen, komm zu mir!

Flüsternd schlanke Wipfel rauschen
in des Mondes licht,
des Verräters feindlich Lauschen
Fürchte, Holde, nicht.

Hörst die Nachtigallen schlagen?
Ach! sie flehen dich,
mit der Töne süssen Klagen
flehen sie für mich.

Sie verstehn des Busens Sehnen,
kennen Liebesschmerz,
Rühren mit den Silbertönen
jedes weiche Herz.

Lass auch dir die Brust bewegen,
Liebchen, höre mich,
Bebend harr ich dir entgegen!
Komm, beglücke mich!

SERENATA

Dulces te imploran mis canciones
a través de la noche.
¡Abajo, en la tranquila arboleda,
amada, ven a mi lado!

Murmurantes, esbeltas copas susurran
a la luz de la luna;
del traidor el acecho hostil
no temas tú, amada.

¿Oyes gorjear a los ruiseñores?
¡Ay! Ellos te imploran.
Con el sonido de dulces quejas
ruegan por mí.

Comprenden el anhelo del pecho,
conocen el dolor del amor,
conmueven con plateados sonidos
a todo tierno corazón.

Deja también conmoverse tu pecho,
amada, escúchame;
¡Trémulo aguardo el encuentro!
¡Ven, hazme feliz!



Añadimos esta espléndida versión del siempre estupendo Simon Keenlyside

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por este obsequio musical.

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  2. Hay un estado paradisiaco en que la voz de este querubin humano te hace sentir.
    http://www.youtube.com/watch?v=KBeNh7jdJWw
    Un profundo amor que lastima el corazón de ternura. Que parece tocar el corazón de su creador y de alli renace ese dolor de amor en nuestro corazón. Gracias Dios Por tu creacion. Es muy hermoso sentir que el amor lo podemos expresar en tan hermosa voz.

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