lunes, 18 de octubre de 2010

SCHUBERT: WOHIN? (¿A dónde?) - Nº 2 de "La bella molinera"

El arroyo es, de principio a fin, el compañero fiel del joven protagonista del ciclo. Por desgracia en ninguna de estas dos grabaciones se percibe bien el piano, que es fundamental porque con su constante sucesión de semicorcheas en la mano derecha nos sugiere el rápido fluir de la corriente. Observad cómo el tono afirmativo de la música cambia en la cuarta estrofa para expresar la vacilación de la pregunta.

Reproduzco aquí el comentario de uno de los más grandes expertos españoles en el campo del Lied, Federico Sopeña: "Se trata, más que de repetición, de un variar interior, agilísimo... la voz se lanza y se detiene, bien para las interrogaciones, bien para hacerse casi impalpable... Estamos ante el "milagro Schubert": desde la sencillez máxima, al borde mismo de lo que podría ser escolar o vulgar, la colocación de las notas, la exigida levedad y susurro de la voz, la ligereza alada del ritmo crea una inimitable obra de perfecta belleza".

El primer intérprete es uno de los más grandes tenores de todos los tiempos, Fritz Wunderlich. Junto a él, el barítono Fischer-Dieskau, conocido especialista en el género Lied.

WOHIN?

Ich hört' ein Bächlein rauschen
Wohl aus dem Felsenquell,
Hinab zum Tale rauschen
So frisch und wunderhell.

Ich weiß nicht, wie mir wurde,
Nicht, wer den Rat mir gab,
Ich mußte [gleich]1 hinunter
Mit meinem Wanderstab.

Hinunter und immer weiter
Und immer dem Bache nach,
Und immer frischer rauschte
Und immer heller der Bach.

Ist das denn meine Straße?
O Bächlein, sprich, wohin?
Du hast mit deinem Rauschen
Mir ganz berauscht den Sinn.

Was sag ich denn [von]2 Rauschen?
Das kann kein Rauschen sein:
Es singen wohl die Nixen
[Dort]3 unten ihren Reihn.

Laß singen, Gesell, laß rauschen
Und wandre fröhlich nach!
Es gehn ja Mühlenräder
In jedem klaren Bach.

¿A DÓNDE?

Yo oí un arroyuelo murmurar
desde el manantial
hacia abajo, hacia el valle
tan fresco y maravillosamente claro.

No sé que sentí,
ni quién me aconsejó,
yo tuve también que bajar
con mi vara.

Hacia abajo y siempre adelante
y siempre tras el arroyo siguiendo
el curso del arroyo que cada vez murmuraba
más fresco y claro.

¿Es este entonces mi camino?
¡Oh arroyuelo! habla; a dónde?
Con tu murmullo
has embriagado mis sentidos.

¿Qué digo murmullo?
Esto no pueden ser murmullos.
Seguramente cantarán las náyades
allá abajo su canción.

¡Deja que canten, compañero, deja que murmuren
y camina alegremente detrás!
¡Pues las ruedas de un molino
giran en todo arroyo claro!

(Traducción de Pilar Lirio y Uta Weber)







Añadimos una versión de Jonas Kaufmann, mucho más moderna que las anteriores, en la que se aprecian con más nitidez las sutliezas del juego pianístico

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