lunes, 18 de marzo de 2024

Haendel: Aria “Va tacito e nascosto” ( Giulio Cesare). Andreas Scholl. Lars Ulrik Mortensen.


 Producción del Teatro Real de Copenhague (2007). Director de Escena: Francisco Negrín. ACTO I, ESCENA 9: Julio César ha sido invitado con grandes honores al palacio de Ptolomeo, hermano y rival de Cleopatra, pero no acaba de fiarse de las verdaderas intenciones de este, que es el malvado de la historia. Por eso canta un texto alusivo a la astucia del cazador que acecha furtivamente a su presa. El tema de la caza era frecuente en la música barroca y Haendel lo ilustra con dos recursos sencillos y eficaces que lo dotan de una contagiosa vitalidad: el acompañamiento de las trompas (asociadas tradicionalmente a esa actividad) y un ritmo de marcha muy marcado. El antagonismo latente entre los dos personajes, abocados un poco más adelante a enfrentarse al mando de sus respectivos ejércitos, lo aprovecha el director de escena para plantear un juego de competición entre ellos, que pugnan por reafirmar su posición de poder tratando cada uno de situarse por encima del otro, simbólica y literalmente. Un divertido duelo de apariencias que tiene sobre el público un efecto cómico claramente perceptible. En esta misma página podemos ver dos de los momentos culminantes de esta gran ópera: las arias de lamento de Cleopatra (“Piangeró la sorte mia”, cantada por Sabine Devieilhe) y de César (“Auré deh, per pietá, por Andreas Scholl, perteneciente a esta misma producción danesa). Pueden localizarse en la sección de este blog dedicada a la música vocal de Haendel.
Traducción: Mateo Jarnés.

Robert Schumann: Der Nussbaum (El nogal), Subtitulado. Barbara Bonney, Malcolm Martineau.


 No es raro que los poemas que sirven de punto de partida a los Lieder tengan una calidad literaria bastante mediocre, que suele quedar disimulada en el resultado final. Ese es el caso de “El nogal”, de Julius Mosen: leído en un libro nos parecería almibarado y trivial; entonado por la voz y el piano, es otra cosa; nos sentimos atraídos poco a poco por lo que se nos canta y cuenta y acabamos olvidándonos de la abundancia de adjetivos redundantes y melosos. Como tantas veces, la alquimia entre música y texto produce una profunda metamorfosis: las palabras y los sonidos, al confluir, se transforman y adquieren dimensiones y significados nuevos. Conviene recordar que Robert Schumann tenía una formación literaria muy sólida, fue un notable periodista y crítico musical, leyó con avidez a los poetas de su tiempo y, en el año de su anhelado matrimonio con Clara Wieck, 1840, compuso en torno a 138 Lieder inspirados en obras de autores tan destacados como Rückert, Eichendorf o Heine. No le faltaba, por tanto, un criterio maduro en ese campo. Podemos suponer que lo que le interesó de los versos de su amigo Mosen estaba estrechamente relacionado con sus circunstancias personales: “Der Nussbaum” forma parte de un cuaderno de Lieder, los Myrthen op.25, que le ofreció a su prometida, Clara, como regalo de bodas en la víspera de la ceremonia, para la que había tenido que aguardar muchos años por la inflexible oposición de su futuro suegro. Parece inevitable que pensemos en ese tortuoso noviazgo cuando escuchamos la segunda parte del poema, en la que el nogal se convierte en transmisor de unos susurros alusivos a una muchacha "que piensa mucho y ni siquiera sabe en qué", y que, llena de incertidumbre, alcanza a escuchar esos susurros que hablan de un novio y del año que viene. Cómo no deducir que el compositor está pensando en Clara cuando envuelve los versos en los que la muchacha se entrega anhelante al sueño con unos arpegios pianísticos que suenan como una amorosa canción de cuna. Traducción del poema: Mateo Jarnés.

Haendel: Aria "Dopo notte" (Ariodante) con subtítulos. Joyce DiDonato, Il Pomo d’Oro, Francesco Corti


 Joyce DiDonato culmina un magnífico recital en el Festival Barroco de Bayreuth con esta propina que le permite lucir su dominio soberano de las agilidades. Se podría decir, parafraseando el texto del aria, que su voz brilla con absoluta pureza y colma de alegría a los músicos de la orquesta, al público de la sala y a todos los que tenemos la fortuna de escucharla. 

La escena pertenece al Acto III de la ópera “Ariodante”, en el que se resuelve felizmente el tortuoso enredo del Acto II, que ha llevado al protagonista al borde del suicidio tras descubrir que su prometida, la princesa Ginebra, tiene relaciones íntimas con el turbio Polinesso. A ese momento de desesperación pertenece el aria “Scherza Infida”, una de las más conmovedoras y hermosas de Haendel, que hemos publicado en esta misma página interpretada asimismo por Joyce DiDonato.

En realidad todo había sido un engaño urdido por Polinesso, que con su perfidia provoca una desmesurada reacción de rechazo contra Ginebra por parte de su propio padre y de Ariodante, con mucha honra mancillada, retos, peleas de espadachines y numeritos medievales diversos. Finalmente todo se descubre y el malvado recibe su castigo, la pobre Ginebra es rehabilitada en su honor de dama virginal y Ariodante, pleno de dicha, canta esta aria llena de alusiones al contraste entre la negra noche de su desventura y el radiante día de su felicidad recuperada, después de haberse salvado por los pelos de un terrible “naufragio”. 

El arte musical de Haendel ya nos había mostrado con maravillosa expresividad el anterior sentimiento de zozobra y ahora encarna la euforia del momento con una fuerza arrebatadora.

Traducción: Mateo Jarnés