viernes, 26 de abril de 2024

Bizet: Carmen. Aria “Je dis que rien ne m’épouvante” (Micaela) Subtitulada. Sabine Devieilhe, René Jacobs.


Micaela se ha internado en los parajes agrestes de la serranía andaluza para llevarle a Don José noticias importantes sobre su madre, aunque sabe que este, siguiendo a Carmen y a su grupo de amigos contrabandistas, ha roto con el ejército, con su pasado y con los principios morales que regían su vida. Sobrecogida por lo solitario del lugar, en plena noche, intenta darse ánimos invocando la ayuda del Señor. Micaela es en todos los aspectos la contrafigura de Carmen; simboliza el orden, la familia y el amor casto, la novia ideal que la madre de D. José tenía reservada para su hijo. Por eso resulta tan marcada su vulnerabilidad en el escenario hostil de la serranía (un entorno natural para la gitana), donde se siente completamente perdida, sola y asustada. Su estado de ánimo, que oscila entre la autoafirmación y la zozobra, está maravillosamente expresado por los vaivenes de la voz y de la orquesta. Resultan particularmente seductoras las intervenciones de las trompas, con esas notas finales que parecen destilar pura melancolía. Pese a que se trata de una versión de concierto interpretada en un espacio de arquitectura muy moderna (la gran sala de la Elbphilarmonie de Hamburgo), el arte de Sabine Devieilhe consigue trasladarnos al paisaje inhóspito de la sierra, el territorio de los bandoleros, con esa conmovedora fragilidad con la que eleva sus ruegos finales. Una vez más se demuestra que cuando los cantantes son grandes intérpretes en el doble sentido del término (el de la excelencia musical y el de la capacidad de expresión dramática) no se echa en falta a los directores de escena. Traducción: Carmen Torreblanca y José Armenta


 

viernes, 19 de abril de 2024

Richard Strauss: Morgen ("Mañana") con subtítulos. Joyce DiDonato, Yannick Nézet-Séguin.


 Morgen es el broche final de un conjunto de cuatro Lieder (el opus 27) compuesto por Strauss como regalo de boda para su prometida, la soprano Pauline de Ahna, con quien permanecería felizmente casado hasta el final de su larga vida. Toma como punto de partida un poema de amor de John Henry Mackay, amigo del compositor, y es sin duda una de las más bellas canciones de todos los tiempos.

Consta de dos estrofas de cuatro versos cada una, enmarcadas entre una larga introducción instrumental y un epílogo. Fue el mismo Strauss quien adaptó la versión original para voz y piano en dos fases: primero le añadió un violín y finalmente hizo una versión para orquesta, que es la que podemos escuchar aquí. En ambos casos se le confía al violín solista la amplia melodía inicial y final, que es puro "legato" y puro "cantabile", un carácter que, en la versión original, le exige al pianista unos considerables recursos técnicos y expresivos. En medio de la segunda estrofa se crea una tensión especial con una suspensión del “tempo” que precede a los versos finales y parece anunciar la quietud soñadora del texto: “nos miraremos, mudos, a los ojos / y el silencio de la dicha descenderá sobre nosotros”. La última sílaba no cierra la frase en cadencia conclusiva, sino que deja que el violín (o el piano) prolongue el trazado melódico hasta morir en el impresionante silencio final. De ese modo Strauss integra la melodía vocal en el entramado orquestal (o pianístico), incorporándola al mismo con la palabra “y” ("und") del primer verso, que sugiere una continuidad entre la voz y los compases previos, y despidiéndola con una nota que no supone un punto final, sino unos puntos suspensivos. El resultado es una maravilla que nos cautiva más en cada nueva escucha.

Añadimos aquí una interpretación de este Lied en su versión original para voz y piano:


Traducción: Mateo Jarnés



lunes, 15 de abril de 2024

Robert Schumann: Widmung (“Dedicatoria”) subtitulada. Jessye Norman, Geoffrey Parsons.


Con esta “Dedicatoria”, compuesta a partir de un poema de Friedrich Rückert, se abre el op. 25 de Schumann, “Myrthen”, un ramillete de 26 canciones que el compositor le entregó como regalo de bodas a su prometida Clara Wieck y que aludía en su título a la tradición de ofrecer un ramo de blancos mirtos a la novia en la ceremonia nupcial. Después de una espera de 6 años motivada por la oposición implacable del padre de Clara, había llegado por fin el momento de culminar un amor apasionado y lleno de dificultades, un amor que reunía todos los elementos de una pasión plenamente “romántica”.

El fervor del enamorado está presente en cada uno de los compases de “Widmung”, con su arranque exaltado, la retención del "tempo" en los versos “tú eres el sosiego, eres la paz…” y esa cita pianística final del “Ave María” de Schubert, que bien puede entenderse como un gesto de reconocimiento y gratitud hacia quien durante tantos años había sabido sustentar el compromiso con devoción inquebrantable. Hay que decir que Clara era una pianista brillantísima y una compositora de incipiente talento que, guiada por su padre, había triunfado como niña prodigio en las principales capitales de Europa, en tanto que Schumann, 9 años mayor que ella, por aquella época no reunía más méritos que el de una carrera musical de incierta trayectoria. La boda culminaba no sólo un azaroso noviazgo, sino también una carrera de obstáculos que incluyó un litigio judicial entre el novio y el padre de la novia. Es comprensible que Robert se identificara plenamente con el texto del poema, no sólo porque su relación con Clara había sido una fuente perpetua de gozo y de aflicción, sino porque había supuesto para él un estímulo fecundo, la fuerza inspiradora de un proceso de ascenso y maduración artística en el que había conseguido extraer lo mejor de sí mismo. Traducción del poema de Rückert: Mateo Jarnés. Du meine Seele, du mein Herz, - Tú mi alma, mi corazón; Du meine Wonn', o du mein Schmerz, - tú mi gozo, mi aflicción, Du meine Welt, in der ich lebe, - tú, mundo mío en el que vivo, Mein Himmel du, darein ich schwebe, - tú, mi cielo en el que floto, O du mein Grab, in das hinab - Oh tú, mi tumba, en la que yo Ich ewig meinen Kummer gab. - he dejado mis penas para siempre. Du bist die Ruh, du bist der Frieden, - Eres el sosiego, eres la paz, Du bist vom Himmel mir beschieden. - tú me has sido destinada por el cielo. Dass du mich liebst, macht mich mir wert - Que tú me ames me hace digno de mí mismo, Dein Blick hat mich vor mir verklärt, - tu mirada me ha transformado ante mí mismo, Du hebst mich liebend über mich, - mediante tu amor me elevas sobre mí, Mein guter Geist, mein bessres Ich! - ¡mi espíritu bueno, mi mejor yo!