lunes, 15 de enero de 2024

 Haendel: Aria "Piangerò la sorte mia" (Giulio Cesare) con subtítulos. Sabine Devieilhe, Ph. Jaroussky


Dirección musical de Philippe Jaroussky y escénica de Damiano Michieletto.
Producción del Théâtre des Champs-Elysées, 2022.
La ópera “Giulio Cesare in Egitto” está considerada como la mejor de las más de 40 que compuso su autor, o al menos la que tiene más cantidad de arias memorables, en especial las de sus dos protagonistas principales, Julio César y Cleopatra. Se estrenó en 1724, cuando Haendel llevaba ya 13 años en Inglaterra y estaba plenamente asentado en la vida musical londinense.

El libreto, escrito por Nicola Haym, es largo y enrevesado, con muchos personajes, vericuetos y frecuentes cambios de situación. La credibilidad dramática del conjunto no se apoya en la coherencia del desarrollo argumental, sino en el vigor poético de las escenas culminantes y sobre todo en la extraordinaria plasmación musical de los caracteres y en la viveza e intensidad con que se nos describen las pasiones, que en esta ópera alcanzan una diversidad y una hondura únicas: la furia, la ternura, el miedo, la alegría, el rencor, el deseo amoroso, la congoja…
Esta célebre aria mantiene la estructura “da capo” (A-B-A) habitual en Haendel y en la tradición barroca, y se vale de unos recursos musicales bastante sencillos para alcanzar un efecto impresionante: la voz de Cleopatra, con el leve respaldo de una sencilla línea de violines y flautas, nos describe su desolación cuando asume que su amado César ha muerto durante el funesto combate entre el ejército romano y el de Tolomeo; tras la morosa y doliente exposición del lamento, construido sobre la repetición de la palabra “piangerò”, viene un agitado pasaje de contraste en el que la reina expresa su furiosa determinación de perseguir tras su muerte, convertida en fantasma, a su hermano Tolomeo, causante de sus desgracias; terminada esta sección central, llegamos a la reexposición del tema inicial, en la que la soprano, como era usual en la ópera barroca, introduce algunas variaciones melódicas.
En Youtube hay versiones excelentes de esta aria a cargo de Cecilia Bartoli, Joyce Didonato, Natalie Dessay y otras grandes cantantes, pero, para quien esto escribe, esta de Sabine Devieilhe es la más lograda tanto en el plano vocal como en el dramático.


Esta aria sublime de Haendel pertenece al último de sus oratorios, "Jephtha", escrito mientras iba perdiendo gradualmente la vista. Uno no sabe si admirar más la belleza de la melodía o el acompañamiento de la cuerda, que juega a imitar con variaciones el tema de la voz a la vez que lo acuna en un vaivén continuo que sugiere magistralmente el movimiento ondulante expresado en el primer verso.

La historia bíblica de Jefté es la de un caudillo israelita que le ha prometido al Todopoderoso que, si le concede la victoria en un combate contra los amonitas, le sacrificará a la primera persona que le salga al encuentro. Para su desgracia, esa persona resulta ser su propia hija Iphis, que está a punto de contraer matrimonio. En la versión del oratorio, que difiere en este punto de la del Antiguo Testamento, cuando Jefté se dispone a cumplir su promesa aparece un ángel que le ofrece cancelar el sacrificio a cambio de que Iphis se consagre a Dios el resto de su vida.

El aria recrea el momento inmediatamente anterior al sacrificio, en el que Jefté ruega porque su hija sea elevada a los cielos.

Excelente interpretación, delicada y bien matizada, del tenor norteamericano David Portillo, que, siguiendo la costumbre de la época del compositor, introduce unas acertadas variaciones en la reexposición del tema.

Al frente de la orquesta vemos a la directora británica Jane Glover, gran experta en el repertorio barroco y clásico, de la que recientemente se ha publicado en España el libro “Handel en Londres. La forja de un genio” (Editorial Scherzo).