lunes, 18 de octubre de 2010

SCHUBERT: DER LEIERMANN (El organillero) - nº 24 de "Viaje de invierno"

Si la genialidad artística consiste en conseguir el efecto más profundo con la mayor economía de medios, entonces hay pocas piezas más logradas que este broche final del "Winterreise"; Schubert alcanza aquí el mismo nivel de depuración técnica que en el adagio del quinteto para cuerdas (véase la sección de música de cámara): con una figura pianística tersa y escueta pero de una gran fuerza expresiva, que sugiere el sonsonete del organillo callejero (o para ser exactos, de la zanfoña) y con una línea vocal igualmente sobria, casi recitada, nos transporta a un paisaje desolado en el que se palpa la presencia de la muerte.

El Viaje de invierno es una de las cimas indiscutibles de la historia de la música; su impacto se mantiene tan vivo que ha despertado recientemente el interés de compositores como Hans Zender, autor de una versión orquestal de marcado expresionismo, y de diversos directores de escena que han tratado de aportarle su propia visión dramática. Es el caso del segundo ejemplo que podéis contemplar aquí; en cuanto a la primera versión, se trata de un recital en directo de dos enormes intérpretes actuales, el pianista y director Daniel Barenboim y el barítono Thomas Quasthoff, que pese a padecer una grave deficiencia física de nacimiento ha conseguido alcanzar un lugar privilegiado entre las mejores voces de las últimas décadas.

DER LEIERMANN (MÜLLER)

Drüben hinterm Dorfe
Steht ein Leiermann
Und mit starren Fingern
Dreht er, was er kann.

Barfuß auf dem Eise
[Schwankt]1 er hin und her
Und sein kleiner Teller
Bleibt ihm immer leer.

Keiner mag ihn hören,
Keiner sieht ihn an,
Und die Hunde [brummen]2
Um den alten Mann.

Und er läßt es gehen
Alles, wie es will,
Dreht und seine Leier
Steht ihm nimmer still.

Wunderlicher Alter,
Soll ich mit dir geh'n?
Willst zu meinen Liedern
Deine Leier dreh'n?

ELORGANILLERO

En las afueras del pueblo
hay un organillero.
Y con dedos entumecidos le da
a la cuerda penosamente.

Se tambalea desnudo
sobre el hielo
Y su platillo siempre
está vacío.

Nadie quiere oírle,
nadie le mira.
Y los perros gruñen
alrededor del pobre viejo.

Y él lo ignora todo,
no se inmuta.
Da cuerda a su organillo,
nunca para.

Viejo extraño,
¿Voy contigo?
¿Harás girar tu organillo
para mis canciones?



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