sábado, 24 de octubre de 2026

Schubert: Wiegenlied D867 (canción de cuna). Anja Mittermüller, Richard Fu (con subtítulos)


Wigmore Hall. Enlace al recital completo: https://www.youtube.com/watch?v=G9_pqnpQecg&t=4120s Texto de Johann Gabriel Seidl. TRADUCCIÓN DE SUSANA WEBER BARÓN En anteriores publicaciones hemos comentado la enorme fortuna que para el poeta Seidl supuso su relación de amistad con Schubert: nada menos que una garantía de posteridad. La colaboración entre ambos produjo joyas de la altura de “Der Wanderer an den Mond”, “Die Taubenpost”, “Im Freien” (las tres publicadas en este canal) y “Das Zügenglöcklein”, entre otras. Hoy añadimos a la lista esta canción de cuna, compuesta en la última etapa vital del compositor, en torno a 1826. Su longitud y la aparente invariabilidad con que discurren sus versos han hecho que algunos la consideren monótona, en tanto otros perciben en ella una infinita serenidad. Así la describe el musicólogo Gilles Cantagrel: “Sus cinco estrofas casi idénticas, el balanceo regular de sus acordes arpegiados, la repetición casi en letanía de varias secciones de frases… lejos de generar monotonía, crean un fenómeno hipnótico capaz de arrullar al niño en la beatitud de una melodía encantadora”. Por su parte Graham Johnson, destacado pianista acompañante y especialista en Schubert, que ha grabado la integral de los Lieder del compositor para el sello Hyperion con un amplio equipo de cantantes, no puede ocultar en su análisis su entusiasmo por este Lied: “Schubert ha prodigado su talento musical en esta nana que resplandece de inocencia y encanto puro. (…) El pianista debe cultivar un tacto maternal, a la vez suave y sensual; (…) su papel parece estar en el grado más elemental del teclado, pero si de lo que se trata es de recrear un lenguaje infantil, esta es la clase de lenguaje con que le habla a un niño un adulto embobado (…) El amor de un padre o una madre es tan básico e incondicional como esto: toda sofisticación se reduce a lo esencial de una respuesta amorosa, y solo Schubert puede permitirse reflejar esto en la música sin caer en el sentimentalismo. (…) Los pequeños detalles con que se modifica cada estrofa no deben perturbar la naturaleza hipnótica de la música. Son variaciones tan sutiles e íntimas como el intercambio de amor entre madre e hijo: cada momento de interacción aporta una nueva inflexión emocional invisible para los ajenos a ella. (…) Nos vemos transportados a otro mundo y permanecemos allí, bajo el hechizo de Schubert, hasta que el niño se duerme y nos permite salir de la habitación.” Agradezco a Susana Weber Barón su inestimable ayuda.

 

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