Ya habíamos publicado anteriormente esta canción de 1680, pero ahora la ofrecemos con el texto subtitulado en francés, su lengua original, y castellano. Basada en un poema de autor anónimo, cuenta en primera persona la experiencia de una muchacha que se interna valientemente en el bosque, un territorio que en la literatura popular suele aparecer cargado de asechanzas, como en Hansel y Gretel, Pulgarcito o Caperucita Roja; y allí se cruza con un joven pastor, Tirsis, un nombre típico de la poesía bucólica que desde los tiempos de Teócrito y Virgilio ha estado asociado a la temática amorosa, en especial a sus manifestaciones más dolientes. Lo original del breve poema es que la chica no se altera por el inesperado encuentro, lo que la lleva a reaccionar a su propia indiferencia con una mezcla de decepción y frustración: esa situación azarosa en medio del bosque ¿no debería, cuando menos, haberle provocado inquietud ante un posible acercamiento de Tirsis? Lo esperable sería la mezcla de curiosidad y timidez con que una joven que aún no conoce el amor imagina los primeros tanteos en ese campo, llenos de incertidumbre, aventura y riesgo. A eso alude el verso “Ah! n'ai-je rien à ménager?“, de difícil traducción: a una supuesta preocupación por proteger o preservar algo ante los peligros latentes; la muchacha debería haber temido las consecuencias de un encuentro a solas con un hermoso joven en medio de un espacio solitario, pero al mismo tiempo tendría que haberse sentido de algún modo incitada, turbada: “no busco el peligro, pero al menos me gustaría temerlo”. El contraste entre la zozobra provocada por las cuitas amorosas y la indiferencia ante las mismas es casi un tópico de la poesía de la época: la ausencia de pasión es más un síntoma de indolencia y vacío afectivo que una superación de las agitaciones del alma. Por eso la protagonista de la canción declara que un corazón insensible es digno de lástima. Otro aspecto original de esta obra es que sus versos no se enmarcan en una forma típica de canción lírica como el aire o el madrigal, sino en un ritmo de danza de origen español, la chacona, cuyo delicioso compás ternario (marcado por el bajo continuo de la tiorba) impregna el conjunto de ligereza y vuelo. El encanto de esta chacona se eleva a cumbres muy altas por la complicidad y juventud de dos intérpretes en estado de gracia, Lea Desandre y Thomas Dunford. Tuve la suerte de asistir hace unos años a un concierto suyo con el Ensemble Jupiter en el Espacio Turina de Sevilla (un programa de Dowland y Purcell) y aquello fue lo más parecido a la felicidad plena.
Enlace al recital completo: https://www.youtube.com/watch?v=hbsaRSC9-0g
Traducción del texto: Carmen Torreblanca y José Armenta.
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